
La lluvia exacta,
el frío, el tiempo, las luces, la nausea, todas las palabras precisas para que tiemble el corazón.
Y exactamente llore.
No es que no hubiera nada,
al contrario lo había todo
y habitaba en mi como un reloj que marcaba puntual la hora de la nostalgia,
la que te hace chiquito el ser y grande el miedo.
Tus ojos me quedan lejos.
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